
Lengua de señas: el idioma que rompe barreras y construye verdadera inclusión
"Muchos hablan de inclusión, pero pocos se comprometen realmente"
En la Casa del Poeta, en la localidad de Merlo, se respira inclusión. Allí, entre manos que dibujan palabras en el aire y miradas que se convierten en puentes, Yamila Velasco, intérprete y docente de lengua de señas, encabeza un taller que busca algo más que enseñar: busca transformar.
Velazco no solo enseña en la Casa del Poeta; también es formadora en la Universidad de La Punta y ha desarrollado espacios en instituciones como la Escuela Arístides Bratti. Pero su labor va mucho más allá del aula: es una militante silenciosa –aunque no muda– de la inclusión real. De esa que se ejerce con acciones y no con discursos vacíos.
"Muchos hablan de inclusión, pero pocos se comprometen realmente", afirma. Y lo dice con conocimiento de causa. Hace poco fue parte fundamental de algo inédito en el país: un festival transmitido vía streaming que contó con interpretación en lengua de señas en vivo, para que las personas sordas pudieran acceder a toda la información del evento. “Fue el único festival en Argentina que lo hizo. Es eso: la verdadera inclusión. Que sepan quién canta, quién organiza, quién acompaña. Que estén informados, que sean parte”.
Yamila lleva en su cuerpo y en su historia personal esta causa. Su hermana, hoy de 42 años, perdió la audición tras una meningitis en la infancia. “Nos inventamos nuestros propios códigos cuando éramos chicas”, cuenta. Lo que comenzó como un juego de supervivencia comunicacional entre hermanas, se convirtió en una vocación y luego en una carrera: ser intérprete, enseñar lengua de señas y visibilizar una comunidad que muchas veces es ignorada por la sociedad.
“La lengua de señas no tiene nada que ver con el español. Es un idioma viso-gestual, sin escritura, con su propia gramática y lógica. Las personas sordas tienen derecho a comunicarse en su lengua. No se trata de adaptarlos a nosotros, sino de construir puentes”, explica. Y agrega: “Aprender lengua de señas es urgente. Así como se enseña inglés como segunda lengua, también deberíamos enseñar LSA (Lengua de Señas Argentina) en las escuelas. Porque en nuestro país hay una comunidad sorda que también es parte”.
La barrera de la comunicación está presente en situaciones cotidianas: hacer un trámite, ir a votar, hacer una denuncia o acceder a una consulta médica o psicológica. “Mi hermana recién ahora, a los 42 años, pudo comenzar terapia con una psicóloga que sabe lengua de señas. Recién ahora puede hablar de su dolor, de la discriminación que vivió toda su vida”.
Desde su rol docente, Yamila prepara a sus alumnos no solo en lo técnico, sino también en lo humano. “No se trata solo de aprender las señas, sino de empatizar, de buscar siempre la forma de comunicarse. Una persona sorda necesita iluminación, necesita verte. No puede hablar con vos en la oscuridad. Es entender que están, que existen, que son parte de nuestra sociedad”.
El taller en la Casa del Poeta es profundamente transformador. Allí se aprenden señas, sí, pero sobre todo se derriban prejuicios, se construye comunidad y se ejercita algo cada vez más escaso: la verdadera empatía.
Porque como dice Yamila: “No hace falta tener un familiar sordo para aprender lengua de señas. Basta con tener humanidad”.
Fuente: Sergio Bringas.